Es doloroso que menores de edad o jovencitas, bajo el sueño de empleo fácil, son secuestrados, violados e introducidos en el vil mundo de la prostitución, una forma de exclavitud del siglo XXI que es vergüenza que la sociedad no debe tolerar.
Solo en Lima yacen 323 juicios sin resolver, los que han sido entablados por las víctimas contra los delincuentes tratantes, quienes mediante leguleyadas se burlan de sus víctimas.
La penas a aplicarse por este delito van de 25 a 35 años, los mismos que se imparten recién a partir del 2008.
Los gobiernos locales y otras autoridades de protección al menor incluso la ciudadanía son los llamados a evitar la trata de personas.



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